GENERACIÓN DEL 98
Miguel de Unamuno y Jugo nace en Bilbao en 1864. Es el tercer hijo del matrimonio de Félix de Unamuno, comerciante, con su sobrina, Salomé Jugo. A los seis años de edad muere su padre y Miguel queda a cargo de su abuela, Benita Unamuno, de quien nos dirá que “recibió el coraje de la vida civil”, y de su madre, de quien recibió la religiosidad.
A los diez años vive el asedio y bombardeo de su ciudad natal durante la segunda guerra carlista (lo que luego reflejará en su primera novela, Paz en la guerra ), un hecho que le marcaría para siempre.
Se traslada a Madrid a los dieciséis años, para realizar estudios universitarios. En 1883, a los 19 años, obtiene la licenciatura en Letras, con calificación de sobresaliente. Al año siguiente se doctora, con una tesis sobre la lengua vasca: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca , en la que anticipa sus posturas contrarias al nacionalismo vasco de Sabino Arana.
Vuelve a Bilbao, iniciándose en la literatura con una serie de artículos en los que muestra una tendencia política socialista. El 31 de enero de 1891 se casa con Concha Lizárraga , de la que estaba enamorado desde niño. El mismo año gana la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca, ciudad en la que vivirá -con los paréntesis forzados o voluntarios de sus destierros- hasta su muerte. Con motivo de la preparación de dichas oposiciones, entabla amistad con el granadino Ángel Ganivet (el llamado precursor de la Generación del 98, sólo un año más joven que Unamuno), amistad que se irá intensificando hasta el suicidio de aquél en 1898.
En 1896, su tercer hijo, Raimundo, sufre un ataque de meningitis, del cual se le desarrollará una hidrocefalia. El niño morirá en 1902. En 1897 Unamuno sufre una profunda crisis religiosa que tendrá importantes repercusiones en su obra. Ese mismo año se da de baja en el Partido Socialista, en el que había militado desde 1894.
En 1901 es nombrado rector de la Universidad de Salamanca . La importancia de su magisterio intelectual se va acentuando. Desde allí publica continuamente obra ensayística, poesía, teatro y narración, además de numerosísimos artículos en la prensa, con los que interviene en la vida política española.
De 1913 es un conjunto unitario de ensayos, que ya habían aparecido por separado en la prensa: Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (la última parte del título se suele soslayar, porque, de hecho, el libro es personal, individual). Se trata, sin duda, de su libro más importante en la línea de la prosa de ideas.
En 1914, el ministro de Instrucción Pública lo destituye del rectorado por razones políticas. Unamuno aparece entonces como el mártir de la oposición liberal. Sus escritos sobre la Primera Guerra Mundial polarizaron la opinión pública. Así, pese a que no estaba afiliado a ningún partido, pudo escribir en 1917: “Tengo la convicción de influir en la política española más que la inmensa mayoría de los diputados y los senadores”.
En 1920 es elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Es condenado a dieciséis años de prisión por injurias al Rey, pero la sentencia no llegará a cumplirse. En 1921 sus compañeros lo nombran de nuevo Vicerrector. Sus constantes ataques al Rey y al dictador Primo de Rivera, hacen que éste lo destituya nuevamente de sus cargos universitarios y lo destierre a Fuerteventura, en febrero de 1924. El 9 de julio es indultado, pero él se destierra voluntariamente a Francia; primero a París y, al poco tiempo, a Hendaya, en el País vasco-francés. Allí permanecerá hasta la caída de Primo de Rivera en 1930, fecha en la que regresa triunfalmente. Sobre el Unamuno político, escribió Antonio Machado en ese mismo año:
Es Don Miguel de Unamuno la figura más alta de la actual política española. Él ha iniciado la fecunda guerra civil de los espíritus, de la cual ha de surgir -acaso surja- una España nueva. Yo le llamaría el vitalizador, mejor diré, el humanizador de nuestra vida pública. El más personal de nuestros políticos.
En 1931, con la llegada de la República, Unamuno es reintegrado al rectorado salmantino. Se presenta a las elecciones a Cortes y es elegido diputado como independiente por la candidatura de la Conjunción Republicana. En 1933 decide no presentarse a la reelección. Al año siguiente se jubila de su actividad docente y es nombrado Rector vitalicio, a título honorífico, de la Universidad de Salamanca, que crea una cátedra con su nombre. En 1935 es nombrado Ciudadano de honor de la República.
Al iniciarse la Guerra Civil, apoya durante un breve periodo de tiempo a los rebeldes, creyendo las palabras iniciales de éstos de querer restaurar el propio orden republicano. Azaña lo destituye como Rector honorario, pero es repuesto por los nacionalistas. El 12 de Octubre de 1936, en el acto de inauguración del curso académico en la Universidad de Salamanca, se produce su célebre enfrentamiento con el general Millán Astray. Ante los gritos de éste de «¡Viva la muerte!», “¡Mueran los intelectuales!”, “Muera la inteligencia!”, Unamuno le corta el uso de la palabra: “En este sacrosanto templo del saber, no pueden proferirse tales palabras” (…), “venceréis pero no convenceréis”.
Al día siguiente, es puesto bajo arresto domiciliario. El 31 de diciembre de 1936, encuentra a su vieja amiga, la muerte, sentado en la camilla en donde solía trabajar y conversar en años pretéritos.
Unamuno se caracteriza por su fuerte y desgarrada personalidad, por su vida de intensa actividad intelectual y por su actitud de lucha incesante y contradictoria. El escritor se definió a sí mismo como “un hombre de contradicción y de pelea (…) que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza, y que hace de esta lucha su vida”. Vivió, ante todo, en perpetua lucha consigo mismo, sin encontrar nunca la paz, y en lucha también con los demás, contra la trivialidad de su tiempo, en un tremendo esfuerzo por “sacudir las conciencias”, citando su propia expresión.
Importante para entender su obra es conocer la evolución ideológica del autor. Tras varias crisis juveniles, Unamuno pierde la fe y, en 1892, manifiesta ideas socialistas. Una nueva crisis religiosa, en 1997, lo hunde en el problema de la muerte y de la nada. Abandona entonces su militancia política y, cada vez más, volverá los ojos hacia los problemas existenciales y espirituales, aunque sin abandonar nunca su preocupación por España.
Unamuno cultivó ampliamente el género narrativo con un claro afán innovador, pretendiendo además justificar las importantes modificaciones que introdujo en él. Llegó a la invención de la palabra “nivola” para denominar su peculiar forma de entender la novela. Se han señalado las siguientes características generales de la narrativa unamuniana:
Ausencia o escasez de descripciones (salvo alguna excepción, como San Manuel Bueno, mártir ). Sus novelas son una especie de dramas íntimos, en esqueleto, con los que se pretende mostrar el espíritu, dejándole al lector que los revista con su fantasía.
Protagonista individual, enlazando así con la supervaloración del individuo heredera del Romanticismo.
Novelas con problemas de personalidad y, sobre todo, novelas en torno al “problema” por excelencia: el de la insaciable necesidad de no dejar de ser , de no morir del todo. Como recordó Marías, cada novela es para Unamuno un intento de vivir la muerte, de pasar a través de ella, de verla ya desde el otro lado, es decir, consumada. En este sentido, conviene insistir en su valor autobiográfico.
Novela como método de conocimiento , excediendo el plano de la mera antropología para rozar constantemente lo ontológico y ofreciendo una multiplicidad de perspectivas.
Reinterpretación -siguiendo la herencia de Cervantes y Galdós- del concepto de realismo : segundo espacio novelesco dedicado a la novela escrita -o transcrita- por el personaje, con lo que da mayor verosimilitud al primero o a ambos (Abel Sánchez, Niebla, San Manuel Bueno); mezcla de figuras del primer plano novelesco con personajes reales (Niebla); interpolación de relatos (Niebla, San Manuel...); reaparición de personajes, etc.
Promoción del diálogo a un puesto de máxima importancia en la narración.
Presentación abierta y contradictoria de la realidad (no sólo del personaje). Novelas de estructura abierta, con posibilidad de varias lecturas, forzando la participación intelectual del lector, v. gr. prólogo(s) y contra-prólogo(s) o post-prólogo(s), epílogo(s) y apéndice(s) (Niebla, San Manuel Bueno).
Anticipo de muchas de las características de la narrativa contemporánea : monólogo interior, opacidad del personaje, multiplicidad de planos narrativos, metanovela, etc.
Su primera novela -no nivola-, es Paz en la guerra (1897), denominada por el autor “novela histórica o historia novelada”. Nos encontramos ante una amplia crónica, apuntalada por varias figuras de ficción, de un episodio de las guerras carlistas vivido por el joven Unamuno.
Amor y pedagogía (1902) produjo tal desconcierto en la crítica que Unamuno dijo que, si no hacía novela -como decían los críticos- haría nivolas . La obra es una farsa grotesca llevada al borde de la caricatura, con una estructura intermedia entre la novela y el ensayo. Se trata en el fondo de una sátira contra la pedagogía científica y la racionalización de la vida, que sigue latiendo rebelde y ciega, venciendo los propósitos humanos.
De 1913 es una colección de cuentos, El espejo de la muerte , donde, a fuerza de humanidad y rechazando los convencionalismos técnicos del género, consigue algunos relatos de interés y calidad.
Niebla (1914) supone el más abierto enfrentamiento desde el campo de la novela con el problema central de Miguel de Unamuno como autor y como persona: el de la realidad del ser hombre, el de la mortalidad o inmortalidad del alma individual. Es “la novela del absurdo existencial, del hombre perdido en la angustia de una vida sin finalidad”. La obra supone también una innovación en el género, directamente referida a la posición del autor ante la “realidad” novelada. Como narrador, con absoluta modernidad, replantea la jerarquía autor-personaje, adelantándose a posturas de gran trascendencia en el arte actual. La obra reitera la ética vital que emanaba de Del sentimiento trágico de la vida : los humanos deben luchar y rebelarse contra su creador, si existe; sólo esta actitud devolverá a la existencia humana una cierta dignidad.
Cuando el protagonista, desesperado, piensa en el suicidio, Unamuno introduce un recurso entonces novedoso: le hace ir a Salamanca para entrevistarse y pedir consejo al escritor Miguel de Unamuno, el cual le dice que él, Augusto, no puede tomar ninguna decisión sobre suicidarse o seguir viviendo, ya que es un ente de ficción creado por el propio Unamuno, que tiene decidido que no se suicide. Augusto le contesta con palabras que tiene escritas y publicadas el propio Unamuno -quien había escrito en su Vida de Don Quijote y Sancho que, en cierto sentido, los personajes de las novelas están más vivos que sus propios autores-, que (como Don Quijote respecto a Cervantes) los personajes crean en cierto sentido a sus autores. Ahora es el personaje el que quiere seguir viviendo y el autor, enojado por la osadía de su personaje de querer decidir sobre su destino, le dice que lo “matará”, que esa misma noche ha de morir .
Niebla debe ser recordada también por el uso del monólogo interior. Augusto Pérez monologa, a imitación de la vida, dejándose llevar de un tema a otro por la corriente del pensamiento.
De 1917 es Abel Sánchez , obra inferior a la anterior y que muestra algunas de las limitaciones como novelista con que a veces se enfrentaba Unamuno. Escrita casi como un borrador, escueta, descarnada, sin matices ni gradaciones, trata de la patética historia de un hombre -Joaquín Monegro- que lucha contra la tendencia a la envidia y al odio a la que es arrastrado por sus circunstancias vitales.
En 1920 se publica la obra Tres novelas ejemplares y un prólogo . Las tres narraciones (“ Dos madres”, “El Marqués de Lumbría” y “ Nada menos que todo un hombre”) se centran en la indagación sobre qué es lo que constituye la existencia auténtica y su adecuación a la identidad personal de los personajes. En el prólogo se expone una teoría de la personalidad bastante esquemática: partiendo de la división que hace O. Wendell Holmes de la personalidad humana en tres modalidades del ser (lo que creemos ser; lo que los otros creen que somos y lo que “realmente” somos), Unamuno añade una cuarta modalidad: el “querer ser”, y Considera que esta última es existencialmente la más importante, ya que determina la conducta.
En 1921 aparece la última de las novelas extensas del autor: La tía Tula . En esta obra, Unamuno consigue atrapar al lector a medida que va desnudando el alma de Tía Tula , un alma "fraternal y fratricida", como el mismo autor apunta en el prologo, dándonos una visión critica y conmovedora a la vez, de esta mujer española con vocación de "monja quijotesca" y una absurda abnegación por su familia. La novela se acerca más al propósito habitual de todo novelista de contar historias completas de hombres “vivos”, “reales” y, por tanto, complejos psicológicamente, frente a la tendencia del autor a mostrarnos personajes esquemáticos de rasgos hipertrofiados. En este sentido, no se pueden aplicar a Tula las características que hemos visto de los personajes de las nivolas.
Cómo se hace una novela (1927), una mezcla de novela y ensayo, apareció inicialmente con el título de Comment on fait un roman . Se publicó en la prestigiosa revista Mercure de France , en 1926, en versión francesa de Jean Cassou. Jugo de la Raza es un hombre aburrido . En cierto libro lee que morirá al concluirlo. Incapaz de evitarlo, reinicia su lectura y sueña un personaje que sueña con él. Quema la novela al comprobar que lee su propia vida. Mientras, el autor intenta concluir su historia: ¿locura, enredo, enfermedad del protagonista?
En 1930 escribe Unamuno tres novelas cortas : San Manuel Bueno, mártir ; La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez y Un pobre hombre rico . La primera se publicó por primera vez en 1931. Las otras dos se publicaron, junto con la primera, en 1933. En el mismo volumen, titulado San Manuel Bueno, mártir y tres historias más, se edita otra novela corta, Una historia de amor , escrita en 1911 y que permanecía inédita. Se trata, una vez más, de la historia de un amor frustrado, en este caso por las dudas del protagonista masculino, que cree que el formar una familia podría estorbar sus propósitos como escritor.
La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez es, por su forma, una de las más originales del autor, ya que gira en torno a un personaje desconocido. A través de unas pocas cartas, el amigo de un tal Felipe va relatándole a éste las impresiones que experimenta al llegar a un pueblo de la costa. Acude al casino con la intención de encontrar gente con la que tratar y, a falta de verdadera comunicación con los socios, se entretiene en figurarse la vida y pensamientos de los personajes que ve jugando. De entre ellos, le atrae desde un principio don Sandalio: “su oficio parece ser de jugador de ajedrez. No he podido columbrar nada de su vida, ni en rigor me importa gran cosa. Prefiero imaginármela”. Toda la novela se reduce a esa imaginación, es decir, no a suponer nada en concreto sino a pensar y repensar en una persona “en el vacío”, y así nos va relatando su vida inventada. Sin embargo, en el epílogo, Unamuno dice sospechar que el autor de las cartas es el propio don Sandalio (“que se ha puesto fuera de sí para mejor representarse”) y, más aún, que don Sandalio es también el tal “querido Felipe” al que van dirigidas las cartas.
Un pobre hombre rico o el sentimiento cómico de la vida, es una obra fallida. Tanto en el contenido, decididamente moralizador y superficial, como en la forma, se trata de una poco esperable incursión en el humorismo, mundo éste que exige de su autor una personalidad menos atormentada y un distanciamiento de lo narrado que está en las antípodas del pensamiento unamuniano sobre la novela.
San Manuel Bueno, mártir, es una novela breve considerada por crítica y lectores como la cima de la narrativa unamuniana. La historia plantea una de las preocupaciones capitales del autor, la existencia de Dios, a través de la figura de un sacerdote que ha perdido la fe pero es capaz de fingirla e incluso alcanzar fama de santo para proteger la inocente creencia de sus feligreses, para quienes la fe religiosa equivale a la paz. Aparecen así los temas recurrentes en toda la obra de Unamuno: la identidad personal, el sentimiento de la vida, el destino del hombre, la fe y la inmortalidad. Técnicamente la obra ofrece una original estructura narrativa, caracterizada por el perspectivismo y el uso de diferentes planos. Debe destacarse, por último, el elemento simbólico, presente a lo largo de toda la novela.
a) Religión y existencia
Del sentimiento trágico de la vida (1913) supone su más apasionada formulación de la dialéctica razón/fe, entre la mayor aspiración del hombre (continuar eternamente existiendo) y su experiencia más profunda (el miedo a la muerte, al no ser). En esta obra filosófica, Unamuno define al hombre como un ser que está determinado por un principio de unidad y continuidad en el tiempo. Para el autor, si queremos ser (o soñar que somos) inmortales, tenemos que resucitar con nuestra voluntad al Dios que hemos matado con nuestra razón. La inmortalidad es, pues, la gran cuestión de la que depende el sentido de nuestra existencia, de ahí su “hambre de Dios”.
La agonía del cristianismo (versión francesa, 1925; castellana, 1931). Debe entenderse aquí “agonía“ en el sentido etimológico de “lucha”, que Unamuno aplica a “lucha por existir, por prevalecer”. Se refiere al esfuerzo del cristianismo por dar una finalidad sobrehumana al hombre. Agonía que nace de la lucha que mantienen, desde el alba hasta el poniente, la cabeza y el corazón, tratando de destruirse mutuamente, sin que surja un vencedor. Pero, como la razón niega de un lado lo que la voluntad afirma de otro, de ahí la contradicción eterna, que engendra duda y desesperación.
b) El “problema de España”
En torno al casticismo (1895). En este ensayo Unamuno une las dos dimensiones del problema, la referente a España y la referente a la lengua española: casticismo deriva de casta y casta del adjetivo casto, puro. Con lo cual castizo viene a significar, de un pueblo o raza, que se mantiene puro, incontaminado de elementos o cruces extraños; y de un idioma, que se mantiene puro e incontaminado de vocablos extraños a él, extranjeros. El autor parte de la idea de que “la tradición es la sustancia de la historia”. La tarea que propone se orienta de modo decisivo a la búsqueda en el presente de la tradición eterna, de lo que está bajo la historia, en la intrahistoria . Trata así de diferenciar entre la, para él, auténtica tradición (la tradición eterna, intrahistórica) y la tradición “castiza”, manejada por las interpretaciones tradicionalistas.
Vida de Don Quijote y Sancho (1905). España yace en la máxima postración de espíritu, todo en sus hombres es bajeza, injusticia, mezquindad, cobardía... Sobre esta decaída humanidad española, se hace necesario levantar la “locura” quijotesca. En el poético ejemplo de un ser ficticio (Don Quijote), ve condensado Unamuno el futuro ideal del ser español. Don Quijote no es un hombre superior o distinguido, ni un hombre representativo; es, por decirlo como Nietzsche, el superhombre: Caballero del Amor, de la Fe, de la Gloria, de la Inmortalidad por la Fama y, ante todo, un Héroe penetrado por una misteriosa misión a él únicamente reservada, afirmador de la vida eterna por la voluntad de no morir y de “ser más”. A partir de esta obra, además, Unamuno parece sustituir su anhelo anterior de “europeizar a España” por la pretensión de “españolizar a Europa”, acompañada de una reafirmación de los valores castizos y del famoso “¡Que inventen ellos!”: España podría ser la reserva espiritual del mundo moderno.
c) Visión del paisaje
Por tierras de Portugal y España (1911) y Andanzas y visiones españolas (1922). Ambas obras son recopilaciones de artículos periodísticos de viajes, donde el autor vasco relata sus frecuentes recorridos por ciudades y campos de la geografía ibérica. La principal característica de esta prosa descriptiva de Unamuno es el no detenerse en la simple representación sino buscar en el paisaje motivos de reflexión histórica, ideológica e incluso política. Es a la vez un pretexto para aflorar cuestiones omnipresentes en la obra unamuniana, como sus ansias de eternidad, el problema de España o sus reflexiones sobre la lengua española.
Aunque cultivó la poesía desde, al menos, 1884, hasta 1907 no publica su primer libro de versos. Unamuno se aleja del preciosismo formal de los poetas modernistas de su tiempo para inventar un mundo propio y original, ansioso de esa “rumia filosófica” sin la que nunca entendió el quehacer lírico; concepto que resume en su poema titulado “Credo poético”: Piensa el sentimiento, siente el pensamiento. Aparecen así en su poesía los mismos temas que en toda su obra en prosa: el sentimiento religioso, los conflictos existenciales, España, la interpretación del paisaje, las experiencias cotidianas y familiares, etc.
Principales títulos del autor: Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), Rimas de dentro (1923), De Fuerteventura a París (1925), Romancero del destierro (1927), Antología poética (1942), El Cristo de Velázquez (1951), Cancionero: Diario poetico (1953), Cincuenta poesías inéditas (1958), Poesías escogidas (1965), Cancionero: Antología (1966).
Unamuno cultivó también el teatro al margen de las tendencias de su época. Sus dramas intentan “educar” al público ofreciéndole la “desnudez” teatral como categoría; se suprimen los “perifollos de la ornamentación escénica”; economiza al máximo la palabra; se reduce lo más posible el número de personajes; apenas hay acción; se suprime la intriga... Todo para mostrar en escena, más que una obra teatral, una especie de ensayo dramatizado . En cuanto al contenido, cada uno de sus personajes encarna el tema de la existencia desde diversos prismas, pero siempre tienen como última referencia a su propio autor: “Seré autor, actor y público. Me representaré a mí mismo y para mí mismo”; esta afirmación de un personaje, bien podría aplicarse al propio Unamuno en sus creaciones dramáticas.
Las principales obras teatrales del autor son: La esfinge, Fedra, Sombras de sueño, El otro, Raquel encadenada, El hermano Juan y El mundo es teatro.
e-mail: fidel.alonso@wanadoo.fr
© Fidel Alonso