TRABAJO PUBLICADO EN EL Nº 1 DE LA REVISTA CALANDA,
SALVO LA TABLA-ANEXO SOBRE EL LEGADO CINEMATOGRÁFICO DE LUIS BUÑUEL


BUÑUEL-SUR-SEINE

Viaje por la producción francesa de Luis Buñuel


(Lección magistral del profesor Fidel Alonso en el acto de apertura de curso
del Liceo Español Luis Buñuel de París en septiembre de 2005)

 

Hace justo 50 años Luis Buñuel se hallaba haciendo una película muy cerca de aquí, a la orilla del Sena, entre Neuilly y el actual complejo de La Défense. Se trata de la película Cela s’appelle l’aurore, cuyo rodaje se inicia el 18 de agosto de 1955 en los estudios Photosonor (19 Quai du Président-Paul-Doumer) y que marca el retorno del director español a trabajar en Europa tras su larga etapa de producción en México.

En realidad el regreso de Buñuel a Francia y a París se había producido unos años antes y de modo ocasional: a finales de 1950, con motivo de la presentación aquí de su obra Los olvidados. “Caminando por las calles, que volvía a encontrar después de más de diez años de ausencia, sentía llenárseme de lágrimas los ojos”, escribe Buñuel en sus memorias a propósito de su reencuentro con París, su patria -artística- adoptiva.

Y no será hasta 1971 cuando Luis Buñuel vuelva definitivamente a la ciudad nutricia de sus orígenes como cineasta, para alcanzar allí también la cumbre de su carrera. Así lo cuenta en sus memorias: “Regresé a París y a mi barrio de Montparnasse, al hotel L’Aiglon, con las ventanas de mi habitación dando al cementerio, a mis almuerzos tempranos en La Coupole o La Palette, a La Closerie des lilas, a mis paseos cotidianos, a mis veladas en las que la mayor parte del tiempo entre los rodajes solía cocinar yo mismo”.

Es la misma ciudad, el mismo barrio (rive gauche del Sena), los mismos cafés del joven Buñuel 45 años atrás: “En 1925 llegué a París sin tener ninguna idea de lo que iba a ser de mí. Quería hacer algo, trabajar, ganarme la vida, pero no sabía cómo. Continué escribiendo poemas, pero esto no me parecía que fuese más allá del lujo de un señorito. Entonces, y hoy todavía, estaba en contra del lujo y de los señoritos, a pesar de que, debido a mi cuna, yo era uno de ellos”, escribe Buñuel en una autobiografía-currículum de 1939.

Lo primero que hizo nuestro personaje al llegar a París en 1925, según nos cuenta en sus memorias, fue alojarse en el hotel Ronceray (Pasaje Jouffroy, al comienzo del bd. Montmartre), el mismo hotel donde sus padres habían pasado la luna de miel en mayo de 1899 y le habían engendrado.

Apenas cuatro años antes de aquella primavera fecunda para el cine del siglo XX, había tenido lugar el feliz y exitoso alumbramiento (nunca mejor dicho) del cinematógrafo, muy cerca de ese mágico lugar adonde Buñuel volvió para pasar la noche: en los sótanos del Grand Café, 4 bd. des Capucines. Fue allí donde el 28 de diciembre de 1895 los hermanos Louis y Auguste Lumière iniciaron las proyecciones de sus brevísimos filmes, que ellos llamaban vues (vistas). La UNESCO acaba de incluir, en junio de 2005, la colección de películas producidas por los hermanos Lumière en el registro “Memoria del Mundo”, que cuenta con un total de 120 obras y colecciones de todo el planeta. Entre ellas, desde 2003, la película de Luis Buñuel Los Olvidados.

“Desde que llegué a París -escribe Buñuel en sus memorias-, yo iba al cine con frecuencia, mucho más que en Madrid y hasta tres veces al día. Por la mañana, gracias a un pase de Prensa proporcionado por un amigo, veía películas norteamericanas en proyección privada, en un local situado cerca de la Sala Wagram. Por la tarde, una película en un cine de barrio. Por la noche iba al Vieux Colombier o al Studio des Ursulines”.

Los primeros escarceos en la puesta en escena -si exceptuamos las “misas” que de niño oficiaba en el granero de su casa en Calanda, utilizando a sus hermanas como acólitos, o las representaciones con un pequeño teatrillo de muñecos que sus padres le habían traído de París-, los realiza Buñuel en esta ciudad, en las tertulias del Café Sélect. En el sótano de este emblemático lugar (sito en el nº 99 del bd. Montparnasse), Buñuel jugaba con sus amigos a “fabricar películas”: él hacía de director y, al que mejor interpretaba su papel, le convidaba a un manhattan. Es en este mismo escenario donde representa su breve tragicomedia Hamlet,  escrita en colaboración con Pepín Bello, considerada como la primera obra surrealista del teatro español y en la que se halla el germen de múltiples escenas de sus películas.

En 1926, el pianista Ricardo Viñes encarga a Buñuel la puesta en escena del Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, en Ámsterdam y con Mengelberg como director de orquesta. Buñuel pone a sus amigos en lugar de lo que debían ser títeres doblados por la voz de los cantantes, ensayan durante 15 días en París y la representación resulta  todo un éxito.

Sólo faltaba la oportunidad para empezar a trabajar en un estudio de rodaje, y ésta llegó con el director Jean Epstein, en cuya academia de actores se inscribió Buñuel en 1926. Así nos cuenta él mismo en sus memorias cómo logró su primer “boulot” cinematográfico:

“A los mejores les prometía pequeños papeles en sus películas. Cuando yo me inscribí, él estaba terminando Les aventures de Robert Macaire y ya era tarde para que me admitiera. Cuando terminó la película, un día tomé el autobús y me presenté en los estudios Albatros de Montreuil-sous-bois. Sabía que estaba preparando otra película, Mauprat. Me recibió y le dije:

-Verá, sé que va a hacer una película. El cine me interesa mucho, pero técnicamente no sé nada. No podré serle muy útil; pero no le pido dinero. Deje que barra el decorado y le haga los recados, lo que sea.

Me aceptó. El rodaje de Mauprat fue mi primera experiencia cinematográfica. En aquella película hice un poco de todo, incluso doblar caídos…”.

Es durante su trabajo en Mauprat cuando Buñuel conoce a Albert Duverger, que será el director de fotografía de sus dos primeras películas: Un chien andalou y L’age dôr. Duverger le pone en contacto, en 1927, con los realizadores de La Sirène des Tropiques, en cuyo rodaje Buñuel es contratado como ayudante de dirección. Durante ese trabajo conoce y entabla amistad con Pierre Batcheff, que se convertirá a su vez en el protagonista de  Un chien andalou. Nos cuenta John Baxter en su libro Luis Buñuel, una biografía, que Pierre Batcheff le habla entonces entusiasmado a su mujer, Denise, de un joven asistente español “que tiene una película en la cabeza que va a revolucionar el mundo”. Por esos azares del destino, Buñuel se encontrará 20 años más tarde en Los Ángeles con su admiradora Denise Tual (entonces estaba casada con Ronal Tual, tras el suicidio de Batcheff en 1932) y ella es quien, queriendo traerle a París a realizar una versión cinematográfica de La casa de Bernarda Alba, en realidad le introduce en Mexico, país en el que Buñuel fijará su residencia y donde dirigirá la mayor parte de sus películas. En realidad el principal impulsor de esta decisión clave en la vida de Buñuel fue el productor Óscar Dancigers, quien le dijo:

-Tengo algo para usted ¿quiere quedarse en México?

Y Buñuel, que conocía a Dancigers desde que Jacques Prévert se lo presentara en el café “Les deux magots” en 1937, aceptó.

Volviendo al hilo cronológico de la historia, en 1927 Buñuel  ya se ha afianzado en su relación con el séptimo arte, ha madurado su vocación de cineasta y se halla a un paso de su genial “opera prima” como director. Rompe con Epstein tras ser su ayudante en La chute de la maison Usher -por permitirse despreciar a Abel Gance, en lugar de acceder a entrevistarse con él-. A finales de este año le encargan las páginas de cine del periódico Cahiers d’art, a la vez que es editor de la sección cinematográfica de La Gaceta Literaria, de Giménez Caballero.

En 1928 Buñuel va a Madrid, invitado por la Residencia de Estudiantes, para hablar del cine de vanguardia y presentar varias películas. Él cuenta en sus memorias el gran éxito de su intervención ante “lo mejor” de la sociedad madrileña y cómo, después de las proyecciones Ortega y Gasset le confesó que “de haber sido más joven, se habría dedicado al cine”.

Cuando vuelve a París, después de haber pasado una semana en Cadaqués con Salvador Dalí, Buñuel lleva ya consigo el guión de Un chien andalou, escrito al alimón con el pintor en sus ratos de insomnio. El guionista, director, actor y productor, lleva también consigo el dinero que su madre le había proporcionado para financiar él mismo la película (25.000 ptas.), ya que se había dado cuenta de que ésta “sería totalmente insólita y provocativa y que ningún sistema normal de producción la aceptaría”, según cuenta en sus memorias:

“Regresé a París. Cuando hube gastado la mitad del dinero de mi madre en salas de fiestas, me dije que era necesario tener un poco de seriedad y que había que hacer algo. Me puse en contacto con los intérpretes, Pierre Batcheff y Simone Mareuil, con Duverger, el operador, y con los estudios de Billancourt, donde, en unos quince días, se rodó la película”.

Luego vendría la presentación al grupo surrealista, el triunfo apoteósico y el escándalo subsiguiente. Estrenada primero en el Studio des Ursulines, permaneció después ocho meses en cartel en la sala Studio 28. Así narra Buñuel la proyección de la obra en primicia ante el cenáculo surrealista, que inmediatamente le admitirá en su seno como figura destacada:

“Aquel encuentro tuvo lugar en el café Cyrano de la place Blanche, en el que el grupo celebraba sus sesiones diariamente. Me presentaron a Max Ernst, André Breton, paul Éluard, Tristan Tzara, René Char, pierre Unik, tanguy, Jean Arp, Maxime Alexandre, Magritte. Todos salvo Benjamin Péret, que entonces estaba en Brasil. Me estrecharon la mano, me ofrecieron una copa y prometieron no faltar a la presentación de la película, de la que Aragon y Man Ray les habían hecho grandes elogios.

Aquella primera proyección pública de Un chien andalou fue organizada con invitaciones de pago en las Ursulines y reunió a la flor y nata de París, es decir, aristócratas, escritores y pintores célebres (Picasso, Le Corbusier, Cocteau, Christian Bérad, el músico Georges Auric) y, por supuesto, el grupo surrealista al completo.

Muy nervioso, como es de suponer, yo me situé detrás de la pantalla con un gramófono y, durante la proyección, alternaba los tangos argentinos con Tristán e Isolda. Me había puesto unas piedras en el bolsillo, para tirárselas al público si la película era un fracaso (…) No necesité las piedras. Cuando terminó la proyección, desde detrás de la pantalla oí grandes aplausos y, discretamente, me deshice de mis proyectiles, dejándolos caer al suelo.”

Los vizcondes de Noailles, Charles y Marie-Laure, entusiasmados con la película, invitan a Buñuel a cenar a su casa y le proponen hacer un film sonoro como regalo de cumpleaños para la Señora. Se firma el contrato en noviembre de 1929 (el 24 de octubre había quebrado la bolsa de Nueva York) y a principios de abril de 1930 la película estaba lista, con un presupuesto total cercano a un millón de francos.

Se trata de L’âge d’or, una de las primeras cintas sonoras del cine francés y el segundo gran éxito, escandaloso e incuestionable de Luis Buñuel en este país. De la mano ahora de una peculiar pareja de mecenas del cine, los Noailles, en cuya mansión de la place des Etats-Units tuvo lugar la primera proyección para un grupo de íntimos. Para los Noailles, el impactante film resultó simplemente “exquis, delicieux”. Pese a que con él llegaría el auténtico escándalo, el impacto apabullante del genio de Calanda, cuyos tambores, por cierto, atruenan por vez primera en la pantalla (también lo harán en Nazarín y en Simón del desierto). Dejemos que él mismo nos lo cuente:

“Algún tiempo después, organizaron una proyección en el cine Pantheón, a las diez de la mañana, a la que invitaron a “la flor y nata de París” y en particular a cierto número de aristócratas. Marie-Laure y Charles recibían a los invitados en la puerta, les estrechaban la mano sonriendo y a algunos incluso los besaban. Después de la sesión, volvieron a situarse en la puerta, para despedir a los invitados y recoger sus impresiones. Pero los invitados se marcharon de prisa, muy serios, sin decir una palabra.

Al día siguiente, Charles de Noailles fue expulsado del Jockey-Club. Su madre tuvo que hacer un viaje a Roma para parlamentar con el Papa, ya que se hablaba de excomunión.

La película se estrenó en el Studio 28 y se proyectó durante seis días a sala llena. Después, mientras la prensa de derechas arremetía contra ella, los Camelots du Roi y las Jeunesses Patriotiques atacaron el cine, rasgando los cuadros de la exposición surrealista que se había montado en el vestíbulo, lanzaron bombas a la pantalla y rompieron butacas. Fue ‘el escándalo de La edad de oro’.

Unas semanas después, Chiappe, el Prefecto de Policía, en nombre del orden público, pura y simplemente prohibió la película. Prohibición que se mantuvo durante cincuenta años”.

En efecto, la película no fue distribuida en París hasta 1981, “en subversión original restaurada”, según publicó con buen humor Le Canard enchaîné. Buñuel no se olvidaría sin embargo de aquel Prefecto de Policía tan poco cinéfilo en apariencia, y en su película de 1964 Le journal d’une femme de chambre, ambientada en los años 20, se oye gritar al final a los manifestantes de extrema derecha: “Vive Chiappe”. Ésta es la película que marca el regreso definitivo de Buñuel para rodar en Francia, país que adopta desde entonces como lugar de trabajo, aunque México seguirá siendo su país de residencia.

El cineasta había partido hacia América en 1939 y no reanudaría hasta 1947 en México su carrera como director, interrumpida tras el documental Las Hurdes de 1933. Cuando vuelve a dirigir en Francia de manera transitoria en 1955, deja atrás un productivo periodo mexicano, con catorce películas realizadas en nueve años, la mayor parte melodramas o películas  de género (“alimenticias”, dirá él) y, salvo una (Robinson Crusoe, en inglés), todas en español. Exceptuando Los olvidados (1950), Él (1952) y Ensayo de un crimen (1955), las mejores obras mexicanas de Buñuel estaban aún por hacer: Se trata de Nazarín (1958), El ángel exterminador (1962) y Simón del desierto (1965).

Así pues, la década que sigue a ese primer regreso a Francia de Buñuel en 1955 es un periodo crucial de culminación y también de transición y apertura de nuevos rumbos, ya que:

§   En primer lugar, realiza tres coproducciones -franco italiana la primera, franco-mexicanas las otras dos- en lengua francesa (la primera rodada en Francia y las otras dos en México). Se trata de Cela s’appelle l’aurore (1955), La mort en ce jardin (1956) y La fièvre monte à El Pao (1959), obras en las que el arte de Buñuel cede terreno a la técnica y a las exigencias de una producción con muchos más medios -y también condicionantes- de los que él estaba acostumbrado a usar en su etapa mexicana.

§   En segundo lugar, las tres películas aludidas que constituyen la culminación de la carrera de Buñuel al otro lado del Atlántico, en especial Nazarín, premiada en Cannnes en 1959 y que supuso el definitivo conocimiento y reconocimiento internacional del director aragonés.

§   En tercer lugar, el regreso espectacular y controvertido de Buñuel a España con otra obra maestra también premiada en Cannes y de gran repercusión internacional: Viridiana (1961). Buñuel llega a su patria tras 24 años de exilio, trabaja evadiendo como puede la censura, triunfa y se va perseguido por el escándalo, no el suyo, el del Ministerio de Información y Turismo. Sólo volverá a trabajar en su país una sola vez, en 1970, para realizar Tristana (tras superar múltiples problemas con la censura -ahora ya prevenida-), saldando así una vieja deuda con su amada ciudad de Toledo y con Benito Pérez Galdós.

§   Por último, en esta especie de “década prodigiosa”, Buñuel dirige su segunda y última película en inglés, The joung one (1960), coproducida por México y Estado Unidos.

En 1964, cuando el destino le une a Serge Silberman y a Jean-Claude Carrière, su productor y co-guionista inseparables en lo sucesivo, Luis Buñuel ha optado ya por trabajar en Europa y le gusta considerarse a sí mismo un realizador europeo. Por otra parte su obra ya ha sido suficientemente apreciada y premiada (aunque el Óscar no le llegará hasta 1972, pero a él no le importaba demasiado) y en ello ha desempeñado un gran papel la crítica francesa, con André Bazin a la cabeza y los críticos de las revistas Positif y Cahiers du Cinéma.

Tras su primer trabajo con el nuevo equipo, Le journal d’une femme de chambre (1964), una de sus obras más cuidadas formalmente y mejor interpretadas (con Jeannne Moreau y Michel Piccoli como protagonistas), vienen dos tipos de películas en ésta última y definitiva etapa francesa de Luis Buñuel:

a)     Las que él mismo no duda en considerar como encargos o “películas alimenticias a la francesa”, lo cual no está para nada reñido ni con la calidad técnica ni con el genio y la originalidad inconfundibles de su artífice, ni con el éxito comercial: Belle de jour (1966), con una insuperable Catherine Deneuve como actriz principal, y Cet obscur objet du desir (1977), la última película de Buñuel, en la que Ángela Molina y la recién descubierta Carole Bouquet realizan el mismo papel.

b)     La gran trilogía o recapitulación final del director español que suponen La Voie Lactée (1969), Le charme discret de la bourgeoisie (1972) y Le fantôme de la liberté (1974). Él mismo lo dice en sus memorias: “Pensando ahora en ello me parece que estas tres películas, que nacieron de tres guiones originales, forman una especie de trilogía, o mejor, de tríptico, como en la Edad Media. Los mismos temas, a veces incluso las mismas frases, se encuentran presentes en las tres películas. Hablan de la búsqueda de la verdad, que es preciso huir en cuanto cree uno haberla encontrado, del implacable ritual social. Hablan de la búsqueda indispensable, de la moral personal, del misterio que es necesario respetar”.

 

 

TABLA


Mediante la tabla cronológica con todo el legado cinematográfico de Luis Buñuel (incluyendo sus diferentes actividades -poco conocidas y valoradas- entre 1934 y 1946), podemos apreciar, entre otros aspectos:

1)     La producción francesa, mexicana, española y norteamericana de Buñuel, representadas por los colores azul, verde, naranja y gris respectivamente

2)     Mediante el color blanco, el ritmo de creación de películas (más rápido cuanto más espacio en blanco entre el número de los años, más lento cuanto más espacio en blanco en el resto de la tabla)

3)     Que sólo 8 de las 32 películas de Buñuel son en color, sólo 2 en inglés y, habría que añadir, aunque no se refleja aquí, dos de ellas (la primera y la tercera de la tabla) pertenecen al cine mudo

4)     Con respecto a los guiones, puede apreciarse por una parte el claro predominio de la adaptación de obras literarias y por otra algo habitual en Buñuel: su trabajo como guionista en colaboración con otros escritores, entre los cuales destacan tres asiduos: Luis Alcoriza, Julio Alejandro y Jean-Claude Carrière. Otros guionistas que deben destacarse son Salvador Dalí (en España), Juan Larrea, Max Aub y Manuel Altolaguirre (en México) y Raymond Queneau (en Francia).

5)     Que no siempre coincide la lengua original de la película con el país donde se rueda y con el país de producción (esto último es lo que determina su nacionalidad). Por ejemplo, las dos películas en inglés son rodadas en México, lo mismo que dos películas en francés, La mort en ce jardin y La fièvre monte à El Pao

6)     La especial importancia de tres productores en la obra de Buñuel: Óscar Dancigers, Gustavo Alatriste y Serge Silberman

7)     El Festival de Cannes como escaparate y proyección (en el doble sentido de la palabra) internacional del cine de Buñuel.

 

 

GRÁFICA: BUÑUEL-SUR-SEINE


El Liceo español Luis Buñuel de Neuilly-sur-Seine está situado a medio camino entre dos localidades emblemáticas para el cine francés: Boulogne-Billancourt y Épinay-sur Seine (VER GRÁFICA).

La primera de ellas se ha considerado durante décadas como el Hollywood francés -y europeo-, con dos importantes estudios, hoy prácticamente desaparecidos o reconvertidos en platós de televisión: Le Grand Studio de Billancourt y les Studios de Boulogne.

En cuanto a Épinay, denominada “Ville du cinema”, conserva todavía en su estado original y en funcionamiento los estudios Eclair que datan de principios de siglo.

A estas dos localidades debe añadirse una tercera también mítica por su relación con el cine. Se trata de Montreuil, al noreste de París. En ella crea Georges Mélies en 1897 Star film, el primer estudio cinematográfico francés. Pocos años más tarde, en 1904, Pathé construye allí también sus estudios, que se convertirán en los estudios Albatros al ser alquilados a los cineastas rusos a partir de 1917.

Es en los estudios de Boulogne-Billancourt y de Épinay-sur-Seine donde Buñuel comienza a trabajar como ayudante de dirección y donde realiza después la mayor parte de sus películas, mientras que en los estudios de Montreuil  trabaja por primera vez como actor de cine.

Hay otros tres estudios cinematográficos que tienen que ver también con el trabajo de Buñuel en Francia:

·        Los estudios Francoeur de París, en la falda este de Montmartre y situados en la calle del mismo nombre, hoy reconvertidos en la Femis (École Nationale Supérieure des Métiers des Images et du Son).

·        Franstudio, en Saint-Maurice, localidad sobre el Sena al sureste de París, cuyas instalaciones, pertenecientes a Pathé-Gaumont, serían demolidas en 1971.

·        Los estudios Photosonor, de Neuilly-sur-Seine, hoy también desaparecidos y que estaban situados al borde del Sena, en el nº 19 del Quai du Président-Paul-Doumer.

Tras darle muchas vueltas a tantas coincidencias, le hemos preguntado a don Luis, un día que salía de su tumba a leer el periódico y se llevó una grata sorpresa cuando vio su liceo ya terminado y en funcionamiento, y él nos ha sugerido el título de Buñuel-sur-Seine para esta conferencia.

 


CRONOLOGÍA

1926
Buñuel interpreta un pequeño papel de contrabandista en la película Carmen,
(dirigida por Jacques Feider), rodada en los estudios Albatros, en Montreuil. Ese mismo año trabaja -realizando pequeños papeles
y como especialista, entre otras tareas- en la película de Epstein Mauprat, rodada en parte en los estudios de Epinay-sur-Seine.
1927
Buñuel trabaja como ayudante de dirección con Epstein en La chute de la maison Usher,
en los estudios Menchen de Epinay-sur-Seine. Buñuel trabaja como ayudante de dirección en la película La Sirène des Tropiques,
dirigida por Henri Etiévant y Mario Nalpas y rodada en los estudios Francoeur (en la calle del mismo nombre) de París.
1929
 Un chien andalou : Studios de Billancourt
1930
 Lâge d’or: Studios de Billancourt y Studios de la Tobis, éstos últimos en Epinay-sur- Seine
1935
Sonorización del documental Las Hurdes en los estudios de Pierre Braunberger, en Billancourt
1955
Cela s’appelle l’aurore: Studios Photosonor, en Neuilly-sur Seine
1964
Le journal d’une femme de chambre : Franstudio, en Saint-Maurice
1966
Belle de jour: Franstudio, en Saint-Maurice
1968
La Voie Lactée : Studios de Billancourt
1972
Le charme discret de la bourgeoisie : Studios Cinéma, Boulogne-Billancourt
1974
Le fantôme de la liberté : Studios Cinéma, Boulogne-Billancourt
1977
Cet obscur objet du désir : Studios Eclair, en Epinay-sur-Seine

 


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